Reseña

Revisitando La edad de la inocencia

Un fogoso Newland Archer (Daniel Day-Lewis) tienta a la Condesa Olenska (Michelle Pfieffer). Fotograma de la adapación fílmica de la novela La edad de la inocencia dirigida por Martin Scorsese (1993).

Un fogoso Newland Archer (Daniel Day-Lewis) seduce a la Condesa Olenska (Michelle Pfieffer). Fotograma de la adapación fílmica de la novela La edad de la inocencia dirigida por Martin Scorsese (1993).

Pocas obras logran retratar con un alto grado de detalle la sociedad contemporánea o en este caso la sociedad neoyorquina de finales del siglo XIX, como lo hace la novela La edad de la inocencia.  Quizás muchos recuerden a la gélida y sensual Condesa Olenska, interpretada por Michelle Pfeiffer y a un atribulado Daniel Day-Lewis como Newland Archer, en la adaptación cinematográfica magistralmente dirigida por Martin Scorcese (1993), como el referente a este título.  Pero revisitar La edad de la inocencia (1920) a través de la lectura que dio origen a esta versión fílmica (una de las tres hechas hasta la fecha), es conocer un estampado que hace alusión a la época en la que “en realidad, todos vivían en un especie de mundo críptico, donde lo verdadero jamás se decía ni hacía, ni siquiera se pensaba, sino que simplemente se representaba por un conjunto de signos arbitrarios”.

Portada de la novela.

Portada de la novela.

La edad de la inocencia, novela de carácter histórico, responde a un marco de gran mordacidad bajo las observaciones agudas de la autora, conocedora del entrañado mundo de la alta sociedad norteamericana. Wharton, considerada por muchos estudiosos como la heredera de Henry James y una de las grandes narradoras de la literatura norteamericana impuso un sello con su estilo narrativo. Esta novela  aporta un registro de las costumbres del tiempo e imprime una ambientación que en ocasiones opaca a los personajes que son tragados por el exceso del mundo material que les rodea.

Según M. Sibon, La edad de la inocencia, “describe el ambiente de la aristocracia de Nueva York de fines del siglo XIX con sus rígidos principios, sus tiránicas conveniencias y su atmósfera sofocante de castas sociales”. Wharton fue contemporánea de Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway.

Situada dentro de la tradición costumbrista, la narradora de esta novela se dirige al lector en una tercera persona omnisciente. Lo que permite gozar de una narración rica en ambientación e imágenes que sostienen la riqueza estética del texto, aludiendo a ese Nueva York de finales del siglo 19, como un personaje más.

Por otra parte, los protagonistas, comenzando con el idealista y tradicional  Newland Archer (un nombre con un interesante juego de palabras “nueva tierra”), es un personaje que evoluciona de un ser que vive de acuerdo al conformismo de su clase quien “había sido consciente de tal estado de cosas desde sus primeros recuerdos, y las había aceptado como estructura de su universo”  a uno con “un persistente horror a hacer siempre las mismas cosas a la misma hora todos los días (…)”. Sí, quizás esa distanciada sensualidad de la Condesa Ellen Olenska le provocó el deseo de explorar tierras nuevas, de renunciar a hacer lo mismo todos los días. El erotismo disimulado hace que nos sintamos cómplices de esa novísima pasión. Mientras que Ellen Olenska, acompañada de una libertad que es vista por la sociedad como excentricidad y falta a las buenas costumbres, la autora la define como una rosa amarilla: “había algo demasiado rico, demasiado fuerte en su fogosa belleza”. Una rosa amarilla que se siente dividida entre su forma de ser y cómo debe conducirse en la sociedad que no la acepta y no la reconoce.

Mientras, May Welland, mujer de gran fragilidad y la joven prometida de Archer, es para éste una marioneta de la que pretendía que “desarrollara (gracias a su ilustrada compañía) un tacto social y una agilidad de ingenio que le permitieran competir con las más populares de las mujeres casadas del «grupo más joven»”.  Es May, quien a la larga en vez de provocar lástima, sólo provoca mirarla de soslayo.

Edith Wharton (1884). Belle Epoque 1900's: flickr.com/photos/belle_epoque_1900s/1469793758/
Una joven Edith Wharton (1884).

Wharton, quien es la autora de  la novela La casa de la alegría (1905), también adaptada al cine en el año 2000, trabaja en la obra varios temas. Se pueden señalar: el amor inocente, representado en May; el amor pasional que siente Archer por Ellen; los casamientos por conveniencia en las generaciones antecesoras, los problemas matrimoniales, el adulterio, los sentimientos callados, el desencuentro temporal en las relaciones, la libertad y la independencia de la mujer, enunciado directamente por Archer al decir: “Las mujeres deberían ser libres… tan libres como nosotros”; entre otros. El tratamiento al texto y de los personajes con las técnicas de la elipsis y la excelente ambientación permite al lector presumir datos, en vez de ser todos explicados por la escritora, lo que permite una lectura más privada e íntima y mucho más compleja.

 

 

Por Mildred Meléndez Otero

Lee más en:

“The Age of Innocence: Introduction.” Novels for Students. Ed. Marie Rose Napierkowski. Vol. 11. Detroit: Gale, 1998.  eNotes.com. January 2006. Recuperado 10 de marzo de 2009. <http://www.enotes.com/age-innocence/introduction&gt;.

M. Sibon. Diccionario Literario. Edith Wharton. 2001. Valentino Bompiani Estate/(c) 2001 HORA, S.A. Editora

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